Programas europeos para una comunidad educativa que camina hacia el trilingüismo

 

   Aprender un idioma nuevo y no poder utilizarlo con naturalidad en contextos reales invalida la eficacia del proceso de enseñanza-aprendizaje del mismo, provocando frustración en la persona que lo ha estudiado. “Tengo completamente olvidado el inglés del bachiller”, ”yo estudié francés y ya no tengo edad para estudiar otro idioma”, “he empezado y dejado de estudiar inglés 3 veces en los últimos 10 años”, “me da vergüenza hablar porque pronuncio muy mal”, u otros cometarios similares se escuchan con frecuencia en los centros educativos. Como trataré de desmontar en estas breves líneas, esta prevención a la hora de participar en Programas Europeos carece de fundamento.

El estudio de un idioma extranjero puede considerarse una limitación o una gran oportunidad de enriquecimiento en nuestro itinerario profesional o en el desarrollo personal de nuestro alumnado. Precisamente, el Programa de Aprendizaje Permanente de la Unión Europea no excluye a ninguna persona por su edad para acometer cualquier aprendizaje. Así por ejemplo, el profesorado que no impartiendo idiomas tenga un nivel mínimo y desee mejorarlo para participar en una asociación Comenius, Leonardo o Grundtvig o para impartir en el futuro una materia en ese idioma, puede solicitar un curso para perfeccionarlo. Quien imparte un idioma y quiere mejorar su formación, puede solicitar un curso de metodología.

En general cualquier profesor o profesora puede solicitar formación en su materia en otro país europeo si se desenvuelve en el idioma en que se desarrolla el curso. Además, compartir con otros colegas europeos nuestra forma de trabajar por medio de una asociación Comenius, Grundtvig o Leonardo suele suponer tanto para el alumnado como para el profesorado no solamente una forma de romper con la rutina escolar, sino un considerable enriquecimiento profesional y personal y un gran estímulo para mejorar el idioma aprendido. Igualmente fructífero resulta la movilidad del alumnado de secundaria Comenius –novedad en este curso escolar– y la de la los estudiantes universitarios dentro del Programa Erasmus.

Mi experiencia como responsable en el País Vasco de estos Programas Europeos, me permite constatar que la participación en ellos puede llegar a generar una cierta adicción, justificable si se consideran los beneficios que reportan. No obstante, queda aún mucho por hacer para que dichos beneficios se generalicen a todos los agentes de nuestro sistema educativo. La iniciativa de la Dirección de Innovación Educativa de poner en marcha un plan experimental trilingüe –idioma extranjero, castellano y euskera– para los próximos tres cursos escolares iría encaminada también en esta dirección.

Aprender un idioma extranjero, bien lo sabemos, requiere mucho entusiasmo, tiempo y esfuerzo personal. Por desgracia, en muchas ocasiones los resultados obtenidos se tiran a la basura al no darse unas condiciones que posibiliten su utilización en la práctica cotidiana. Éste es, justamente, el punto fuerte de los Programas Europeos, ya que nos permiten utilizar el idioma estudiado de una manera contextualizada y natural con profesionales de la educación de otros países con los que compartimos objetivos y dificultades comunes y con quienes podemos aprender cada día. No importa si la pronunciación no es del todo correcta o si hay alguna pequeña falta de ortografía en un escrito porque el idioma aprendido estará cumpliendo su objetivo.

Mª Concepción Bergera

Responsable de Programas Europeos e Internacionales del Gobierno Vasco

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